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Los españoles y los ingleses creían que en América todo lo que relucía era oro. Steve llegó a unas tierras llamadas “Sitio Indio” tratando de encontrar este metal precioso. El explorador recogió de un viejo una leyenda sobre unos indígenas que poseían pesadas cajas que contenían «ofrendas para que la luna alumbrara sus noches permanentemente» y pensó que se trataba de oro. Los indígenas tenían prohibido abrir las cajas, pero un día los jefes se descuidaron y Steve y sus hombres aprovecharon la oportunidad para abrir las mismas encontrando objetos confeccionados por artesanos indios con acero de primerísima calidad. La leyenda era verdad aunque no se trataba del famoso metal. El brillo que emanaba de estos cuchillos era tan impresionante que hacia que los destellos alumbrarán las noches indias. Y así Steve conoció una india con la que tuvieron varios pequeños, pero el primero tenía su cabello tan rubio como el brillo de las estrellas y le pusieron de nombre “ El Indiesito” con S, de Sitio, modificando la verdadera palabra Indiecito, para hacer honor a su pueblo…
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